El futuro de las migraciones 2040 y 2050. Escenarios e impactos para Europa, España y Canarias

 

09/03/2026

Este trabajo ha sido realizado en virtud de la Beca de Investigación 2025 “Investigación y Análisis del Futuro Demográfico y Migratorio en Canarias”, asignada por la Cátedra Juan Miguel Sanjuán a Dª Marta Rupérez Pérez, que contó como tutores a los doctores Aniano Hernández Guerra y Federico E. González Ramírez.

 

Resumen

Las migraciones humanas del futuro no pueden dejar indiferente a nadie. Las economías, las sociedades y las culturas se verán concernidas por este fenómeno demográfico que las atraviesa. Nunca antes en la historia de la humanidad había habido tanta movilidad humana. Si en 2010 cambió de residencia el 2,8% de la población mundial, en 2050 lo hará el 3,5%, unos 360 millones de personas, ¡en un año!.

Europa, España y las Islas Canarias están entre los lugares escogidos por los migrantes internacionales, porque son reclamados por unos mercados de trabajo escasos, necesitados y envejecidos. Y no es solo la lógica del mercado (oferta de puestos de las empresas, demanda de trabajo de los foráneos) la que impulsa los flujos de migración. Está también la “lógica” de las personas, los vínculos familiares que intervienen en las causas y en los volúmenes de la movilidad humana. Los migrantes abren puertas a otros migrantes, familiares, vecinos, amigos.

En un contexto de crecimiento económico impulsado por múltiples sectores: turismo, hostelería y restauración, tecnologías de la información, finanzas, transición verde y de energías limpias, servicios profesionales a las empresas, etcétera, la disponibilidad de fuerza de trabajo es imprescindible. Y la disposición de trabajadores potencialmente cualificados será la clave para asegurar el futuro inmediato del desarrollo económico, y del sistema de bienestar que nos hemos dotado. La competitividad internacional seguirá siendo el valor que diferencie a las naciones, pero serán más competitivas quienes dispongan de volúmenes suficientes de habitantes, trabajadores, consumidores, y capital humano de calidad. Por el contrario, los países en proceso de despoblación perderán capacidad productiva y competitividad. Se volverán como esos pueblos del interior que observamos en tantos lugares del mundo, abandonados y escasos en recursos. Efectivamente, al igual que en otras épocas, la riqueza contemporánea de las naciones es su población, y esto vale también para los territorios que la conforman.

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